Hoy nos falta Nancy Estela Godoy. Pero, antes que una maestra, nos falta una mujer a la que le arrebataron la vida.

Su asesinato nos duele, nos indigna y nos obliga a reflexionar sobre una violencia que sigue atravesando nuestra sociedad.

No queremos hablar de sacrificio, de vocación ni de heroísmo. Ninguna profesión debería implicar riesgos para la propia vida. Ninguna mujer debería tener que demostrar fortaleza para enfrentar la violencia o la desprotección.

Nancy tenía derecho a vivir, a trabajar, a sentirse segura y a construir su futuro.

Su muerte no puede ser una noticia más. Nos interpela sobre las violencias que naturalizamos, las señales que ignoramos y las responsabilidades que muchas veces quedan sin respuesta.

Educar también significa cuestionar esas realidades, promover el respeto, reconocer las desigualdades y construir vínculos donde la violencia no tenga lugar.

Hoy nos falta una Maestra. Pero, sobre todo, nos falta Nancy.

Que su nombre no sea solamente un recuerdo, sino también un llamado a no permanecer indiferentes.

Justicia por Nancy Godoy. Ni una menos.

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