Ganadores

Ciclo Básico – Poesía

 

Ciclo Básico – Narrativa

Ciclo Orientado – Poesía

Ciclo Orientado – Narrativa

Concurso Literario Interno 2026

Equipo Directivo: Directora Profesora María Julia Miassi; Vicedirectora del Turno Mañana Profesora Carolina Viso y Vicedirectora del Turno Tarde Profesora Paola Benítez.

Jurado del Certamen: Profesoras de Letras Vanesa Fantón, Carolina Zucco y Noelia Sterren.


“Amor no correspondido”

Autora: Araceli Giménez. 1° C

1° Puesto. Poesía, ciclo básico.

Nosotras éramos

como el día y la noche

Nos amábamos, pero

no se permitía nuestra

química en el espacio.

Nuestro dolor era como

un cuchillo que atravesaba

el corazón, que era tuyo.

Había que terminar con

todo esto y nosotras

fuimos las elegidas…


“Por tu amor”

Autora: Sofía Contreras de 2° D

2° Puesto. Poesía, ciclo básico.

Me perdí por tratar de encontrarte

No soy yo

Dejé de serlo hace mucho tiempo

Tratando de armar el rompecabezas

el rompecabezas de tu mente…

Tratando de entenderte, a tus palabras

vacías estando inconsciente.

Sé que te lastimaron en el pasado

Y sé por tus marcas cuánto has amado

No es mi culpa, no merezco ser lastimado

Pero por tu amor daría mi vida entera

Y mi pobre corazón solo y desanimado.


“Miserable existencia”

Autor: Elliot Montaño de 1° E.

3° Puesto. Poesía, ciclo básico.

La vida trata de

momentos, de silencios

      eternos.

Es débil como el fuego

Es inútil como el pájaro

    no soy yo

    nunca lo fui

Me guardo secretos

    pensamientos

Susurro de cristal,

no quiero crecer

no quiero padecer

Quisiera desaparecer

Quisiera estar

como un hermoso floral

un pequeño despertar

Dejaré de pensar


1° Puesto. Poesía, ciclo orientado

“Junio”

La vida trata de

momentos, de silencios

      eternos.

Es débil como el fuego

Es inútil como el pájaro

    no soy yo

    nunca lo fui

Me guardo secretos

    pensamientos

Susurro de cristal,

no quiero crecer

no quiero padecer

Quisiera desaparecer

Quisiera estar

como un hermoso floral

un pequeño despertar

Dejaré de pensar

“Junio”

Autora: Mía González de 3° Naturales.


2° Puesto. Poesía. Ciclo Orientado.

“A veces pesa”

Mi corazón zapateaba como si de un baile se tratara.

Con cada melodía que mis llantos transmitían, a oídos sordos llegaban.

El sonido de las lágrimas resonaban al chocar con las hojas.

A veces no aguanto que el tiempo sea tan lento

Que sea tan cruel, lo detesto.

Pedazos del corazón que parecen tener nombre

y apellido, recaen de mi pecho.

Ese día, pensé en correr, pensaba volver y de vos desaparecer.

El helado frío de junio comenzó a hacerse notar

en cada helada de frío tu nombre volvía a mi cabeza entrar.

Los pasillos de la escuela de repente volvieron a oscurecer, me pregunté: “¿Por qué dejé de iluminarlos al pasar?”

Me lo llegué a preguntar muchas veces sin parar hasta que ví que no era yo, dejé de serlo hace muchos meses.

Ya no había risas, solo enojo

Ya no había abrazos, solo incomodidad

A la hora del recreo, preferí sentarme sola

Verte a lo lejos dolía, verte feliz con ellas aún más

Tanto así, que comencé a repetirme una y mil veces

la misma frase que decía mi abuelo, “parece que la estupidez es crónica. Por lo que veo, todavía no te curaste.”

Autora: Ema Magalí Vazquez. 4° Naturales.


 

Autora: Sofía Altamirano de 4° Artes.

3° Puesto. Poesía, ciclo orientado.

“El dolor”

Siempre se sintió una puñalada al corazón

Y no siempre tiene que ser el amor

Todo lo que no se percibe

Puede ser lo que duele más

Cuelga entre las sogas del corazón

Pesa más que la mentira y la traición

Se clava alrededor de mí

Nunca lo sentiría así

Si no fuera por ti

No soy yo.

Dejé de serlo hace meses

Experimenté sin quererlo

Probé la manzana

Y ahora viviré con este dolor.


Narrativa: cuentos.

Ciclo Orientado.

“Amadeo Justiniano Flores”

Bruno Perez (4° Naturales)  Primer puesto.

Soy Amadeo, yo era Amadeo. Tuve una vida relativamente buena pero que por la ignorancia y poco corazón de algunos individuos se acortó a únicamente 38 años de estar vivo.

En ese momento la revolución en nuestro país  se había hecho realidad, un nuevo imperio estaba en el poder después de una larga guerra contra los anteriores gobernantes. El régimen actual era muy estricto y opresor prácticamente prohibiendo muchas cosas (culturales, religiosas, sociales); únicamente por caprichos del rey.

Pero, a pesar de esto era un imperio con mucho apoyo, mucho más de lo que yo me podía imaginar, pero lo comprendí sabiendo lo manipuladores que eran algunos subordinados del rey y lo atontados que estaban los civiles. A raíz de esto, yo era de los pocos que estaba en total desacuerdo con estas ideas restrictivas. Aún con esto, mi madre y mis hermanos se comieron todo el cuento que vendía el rey. Aparte de esto, nosotros éramos una familia honrada y siempre teníamos buenos modales y educación, así que no entendía por qué mis hermanos y hasta mi madre fueron víctimas  del lavado de cerebro que se estaba poniendo en práctica.

-¡Amadeo, Amadeo!-  decía mi madre

-Si sabes que algunas decisiones de nuestro rey son para el bien de todos…¿por qué no puedes comprenderlo?

En respuesta a esto respondí con mucha lucidez y llevando totalmente la contraria a mi madre. En un momento la discusión se fue haciendo más y más fuerte hasta que explotó.

-¡Amadeo! Si no puedes convivir y saber sobrellevar la situación ya te puedes retirar de esta casa. Tus hermanos también están hartos de tus actitudes- gritó con un enojo notable.

-Pero ellos tampoco-intenté responder antes de ser interrumpido.

-¡No me interesa! Ve a vivir con tu padre, que seguro también tiene la mente bloqueada.

Para no seguir enojándome y estallar definitivamente, agarré mis cosas, un bolso para poner mi ropa y me fui de casa, pensando en qué iba a hacer porque la relación con mi padre era distante y tensa, además de que él padece una enfermedad grave y necesita que alguien lo esté cuidando.

Pasaron los días, estaba durmiendo, o bueno, intentando dormir. Bajo los constantes gritos del supuesto criminal que estaba siendo torturado en la calle, alcanzo a distinguir un sonido.

-Tu padre ha muerto- dijo la voz en medio de la noche.

Abrí los ojos de golpe, y me levanté del colchón del suelo y fui rápidamente a ver si era cierto lo de mi papá.

Estaba ahí, pálido, desnutrido, sin vida. No tuve una reacción de sorpresa ni tampoco de lamento. Fui indiferente ante esta situación.

Pasados 18 años de eso, mi vida transcurrió de forma normal. Viví solo, todavía viendo al imperio en el poder después de todos estos años. Estuve estudiando y enseñando de forma privada y a puertas cerradas mis ideas, que eran todo lo opuesto a lo que se estaba dictaminando hace casi dos décadas.

A causa de esto, en uno de esos días alguien de afuera escuchó algunas cosas de lo que estaba predicando y entonces como un gran botón, fue a reportarlo con las autoridades.

Un 2 de abril al mediodía, un grupo de soldados entró de forma bruta y repentina al salón y empezó a “apalizarnos” a pesar de que no habíamos puesto resistencia. Terminé con el labio partido, un ojo con un moretón enorme y con la frente sangrando, además de mis piernas que habían sido casi fracturadas.

Muchos de mis alumnos y aprendices, específicamente 38 de ellos, fueron ejecutados. Algunos en plazas públicas, algunos en otras circunstancias, algunos hasta se quitaron la vida antes de ser sometidos a alguna tortura.

Yo, Amadeo, fui flagelado públicamente. Me dieron más de 30 azotes con un látigo que era de hueso, roca y soga extremadamente gruesa. Posteriormente me dejaron tirado en el suelo y morí a causa del extremo desangramiento. A lo largo de los años mi mensaje se fue divulgando por ciertos sectores de la población, y esto llevó a un grupo de personas a derrocar el imperio que tanto había atormentado a la gente.

El rey Ciro Justiniano fue colgado en la entrada del reino.

Pido perdón  a mis alumnos y a las personas que escucharon mis prédicas. Por mi culpa murieron. Pero no me arrepiento de habérselos transmitido.

Gracias a todos los que siguieron  mis ideales y los pusieron en práctica.

ATTE DESDE ALGÚN LUGAR, Amadeo Justiniano Flores.


“Siempre iluso”

Autor: Santino Silva. 3° Economía del Turno Mañana. (Ciclo Orientado) Segundo puesto.

-¿Era todo?- pregunté. Al poco tiempo desperté en el medio de la ruta. Junto a mí había una pequeña mochila con provisiones y una pequeña nota que decía: “Ve hacia el Norte, espero que cuando leas esto o estés bajo los efectos de aquella medicación, usa la brújula como guía, nos vemos ahí”

¿Nos vemos ahí? ¿A qué se refería la nota? Ignoré por un momento eso y decidí caminar hacia el Norte.

-A veces no aguanto que el tiempo sea tan lento.- me dije a mí mismo luego de llevar un rato caminando. No llevaba mucha caminata, sin embargo, ya empezaba a notar el infierno bajo mis pies. El asfalto caliente empezaba a incomodar. Al principio se sentía como un simple hormigueo pero para este punto mis pies se derretían poco a poco.

La luz del día se iba desvaneciendo, al igual que mis provisiones. Cuando finalmente la luz se fue, decidí descansar un poco aunque me parecía raro no haber encontrado una civilización. Luego de sobrepensar un poco, me acosté.

-Espero estar fresco para mañana- me dije a mí mismo. Para este punto, estaba alucinando de nuevo mientras esperaba el próximo día.

Me levanté decepcionado. Sentía que no progresaba. Mientras miraba mi mochila prácticamente vacía, pensaba: ¿me conviene seguir avanzando? ¿Estaré retrocediendo? Decidí continuar, a pesar del cansancio mental que tenía.

Puede que no me crean del todo. Sin embargo, encontré un pequeño grupo en el medio de la nada que a primera vista parecía amistoso. Estuve varios minutos eternos tratando de comunicarme. Luego de intentarlo, me di cuenta que el habla no me serviría como método de comunicación. Al parecer no hablaban mi mismo idioma. Opté por intentar hacer representaciones con palos y piedras de la zona sobre el suelo para intentar guiarme con respecto a mi destino. Me dejaron pasar la noche ahí.  Aunque ellos no entiendan mi dialecto, quiero que sepan que estoy muy agradecido por todo lo que me proporcionaron.

Salí de la civilización pensando en cuánto trayecto me quedaba. Volví a caminar. Sentía que cada paso mataba lentamente mis piernas y mi alma. Me estaba desarmando física y mentalmente. En cualquier momento dejaría de caminar.

Seguía caminando. El paso del tiempo me atormentaba y mis alucinaciones volvían poco a poco hacia mí.

El asfalto volvía a tragarme vivo, estaba igual de caliente que las brasas del asado familiar- Qué buen y mal recuerdo a la vez- me dije, mientras luchaba con mis problemas internos.

Poco a poco comenzaba a distinguir edificación a lo lejos.- ¿Será ese mi destino?- me pregunté mientras seguía paso a paso. Me acercaba cada vez más. Para este punto mis provisiones se habían acabado de nuevo.

Llegué a la entrada de mi pueblo natal, estaba de regreso. Me fui caminando a mi antigua casa. Mientras tanto, me hacía un poco de ruido que las calles estén tan vacías, sobre todo un día de semana.

Llegué a casa, puse los pies sobre la entrada y golpeé levemente la puerta esperando respuesta. No hubo respuesta, tomé la decisión de forzar la cerradura. Al intentarlo, la puerta ya estaba abierta. De manera poco realista me recibieron todos mis conocidos: mamá, papá, primos y tíos que ya no vivían en el pueblo y mis abuelos ….¿no se supone que habían fallecido hace años?  Por fin terminó el alboroto. Me fui a dormir esperando el siguiente día.

  • ¿Era todo?- pregunté a los médicos, mientras me levantaban a la fuerza con una camisa que decía: “Hospital Psiquiátrico de la Ciudad de Santa Fe”.

Siempre fui un iluso. Siempre soñé con escapar de ahí. Sé que algún día lo lograré. Hasta entonces, seré siempre un iluso.


“Como un edificio brutal”

Autora: Federica Tapia. 3ero Comunicación (Ciclo Orientado-T.T) Tercer puesto.

Otra vez entro en mi habitación, solo suelto mi mochila para que sea parte del desorden. En un salto estoy en mi cama, el techo desgastado por los años y el frío tienen toda mi atención.

De forma inconsciente estar aquí en casa es el detonante de todos mis malos recuerdos, es como un  espejo que muestra cuánto he cambiado, la pureza que se me ha arrebatado.

Mamá no sabe porqué soy así, dice que soy una fortaleza abstracta, como un edificio brutal. Cada vez que lo dice es como su forma de decir que extraña ese niño soleado, con  una sonrisa de oro. ¿Cómo le digo que yo también lo extraño?

Hay veces que  prefiero ahorrarle el estrés a mamá y salgo a las calles blancas y heladas que me rodean. A veces me digo a mi mismo que no vuelva a casa y que mejor me mate el frío, así sería un  alivio para los que en vez de ayudarme solo me soportan.  Mi psicólogo, por ejemplo.

Mis huellas marcadas en la nieve no tenían intención  de ir a ninguna parte pero tal vez se tentaron de aquella estructura de hormigón enfrente mío. Recuerdo cuando de chico entraba a lugares que se veían igual de abandonados que este. Era nostálgico, no me pude resistir a entrar, si iba a estar deprimido, mejor que no me viera mi madre.

Esperaba que alguien que viviera ahí me echara, pero parece  que todo fue dejado a las apuradas. Había agujas, botellas de medicamento llenas y monitores que todavía funcionaban.

Me senté en una silla dentro de una habitación rara. En la mesa había un frasquito con un líquido morado que rebalsaba de este  y que no noté hasta después de tocarlo. El frasquito tenía un papel que decía en rojo: “NO TOCAR: EXTREMADAMENTE VENENOSO”. Para cuando lo leí ya sentí como mi cuerpo hizo un ruido seco contra el suelo, estaba petrificado, quería levantarme pero era inútil, apenas podía mover los ojos. Me desperté, quería morir pero no ahora, no estaba listo. Hice todos mis esfuerzos para gritar pero este lugar estaba vacío y cerrado, ¿Quién me iba a escuchar? Cuando me rendí y acepté mi destino, sentía pasos. No sabía si sentir miedo o alivio, podía ayudarme pero a la vez no.

Al fin vi al protagonista de esos pasos, una figura etérea de ojos rojizos  claros se acercó a mí, junto a mi cuerpo,  agachada parecía un ángel observando una víctima.

El sol entraba a través de los cristales y yo le veía los pelos todos luminosos, como si fuera la actriz de una película.

De pronto mis mejillas sintieron sus manos, igual de frías que las mías. Parecía que me estaba examinando como si fuera una estatua de mármol en el suelo, nunca vi algo tan delicado y aterrador a la vez, nunca la había visto antes pero su presencia parecía segura. Ella se agachó hacia mi oído y susurró en un canto casi mudo: “No te preocupes, te dejaré solo…”


“Lo que vivió el bichito del borrón ”

de Sasha Pereira 1° C. Primer puesto.

15/06/2022

Estoy sentada en la playa, en un banquito de metal con pintura blanca rasgada. Esto es poético. Pienso: mi mente por alguna razón se parece a esa pintura desgastada.

Me diagnosticaron Alzheimer hace un mes. No es lo más común que informen al paciente sobre esta enfermedad, pero yo no tengo a nadie…(eso creo). Porque si no fuera así no estaría sentada a mitad de junio (cuando todos trabajan, se estresan, se les cae el pelo y engañan a sus parejas) en un banquito hecho añicos en la playa.

🎼

17/06/2022

Lo raro de esta enfermedad (y saber que la tienes) es que sabes lo que se viene desde este punto hasta el fin de tu vida, momento en el que pensamos mucho después de pasar la séptima década…y esa ya la pasé hace nueve años. Sí, lo sé. No voy a ser consciente de todo el proceso.

Imagino que son vidrios rotos con recuerdos que a veces se te clavan en el cerebro pero se desprenden resquebrajándose a medida que avanza el tiempo.

🎼

30/08/2022

Perdón por eso, no sé qué pasó. Pasaron tres meses desde esta locura. Presiento que estos van a ser mis últimos escritos. No soy yo. Dejé de serlo hace muchos meses. Me pusieron de cuidadora a una negra culo chato. No puedo ir al baño ni cepillarme los dientes sola. Comer sin ayuda tampoco, pero sí puedo escribir. Estoy encerrada en mi propia mente, con tumbos sin sentido y una devolución de pensamiento y sufrimiento con seres monstruosos que me carcomen el cerebro. Creo que estoy cayendo en ese pozo que escuché hablar, donde mientras bajas te ensordecen gritos agonizantes sintiendo muerte.

🎼

02/09/2022

Me supe explicar bien intuyo. Bueno, resulta que…

Huevos.  Me llamo Gabi  Pan

18/09/42/31.  Tramontina 0 2?  Francisco. Tengo hijos????

Muerte.         Tengo 1 nieto

No soy nadie.  Nunca tuve hijos.

                                  🎼

28/09/2022

Hola, me llamo Jazmín Petrasco Montti, caen lágrimas de mis ojos mientras leo esto. Gabriela Montti se suicidó ayer…

Se pasó un puto cuchillo tramontina por sus arrugadas venas.

Seguramente mostraré este cuaderno al mundo, porque es lo que vivió con el bichito del borrón Gabriela Montti.


“Mi chica ideal no puede ser un chico ”

Nicolás Giménez de 1° A. Segundo puesto.

“Mi chica ideal no puede ser un chico” me repetí más de sesenta veces en mi mente aquella noche de noviembre. Permanecí acostado en mi cama con la vista fija en el techo blanco de mi habitación, como si observando el tiempo suficiente fuera a darme una respuesta, odiaba que el tiempo pase tan lento.

Probablemente no entiendan de qué estoy hablando pero si quieren saber, quédense.

Nunca fui un chico que hable demasiado, aunque como todo adolescente como yo, tenía un grupo de amigos: Alejandro, Mateo y Tobías. Los cuatro pertenecíamos al curso séptimo D.

Bueno. También estaba ella. Sofía era mi novia. Sofi era mi persona favorita, quien alegraba mis días, quien me hacía sentir el pibe más especial del mundo, o bueno…Eso debería experimentar, ¿no? Era mi novia, la chica que según todos yo amaba. Sofia y yo íbamos a cursos distintos, habíamos entablado una relación amorosa porque Joaquín, su compañero, había repartido a todo el colegio el secreto de que ella me miraba con otros ojos. En ese mes, abril, yo comencé a hablarle. Me parecía una chica muy linda y teníamos mucho en común. Le conté todo de mí, por lo menos lo que yo creía que conocía de mí mismo.

Hasta que llegó septiembre: el mes donde todo se rompió. Las discusiones sin sentido, los mensajes ignorados por horas y los recreos llenos de silencios incómodos llegaron y nos cayó como un balde de agua fría. Iba a eliminar las fotos que tenía publicadas con ella, pero recordé que ni siquiera tenía en mi perfil. Di clic a las únicas que mostraba, fotos con mis amigos, en especial con él.

Llegué a la escuela tarde, como siempre. Me senté junto a mi compañero de banco y escribí la fecha en mi carpeta: octubre 6 de 2017.

-Benja, ¿por qué llegaste tarde? – me preguntó mi vecino de banco. Levanté la vista para contestar lo que Tobías me había preguntado.

Mi mirada se quedó casi perdida en él antes de responder. Sus ojos color miel observaban los míos. En su rostro se formaba una característica sonrisa que por alguna razón hacía que mi estómago de más vueltas que Alejandro cuando tiene que ir a Educación Física.

-¿Benja? – murmuró confundido. Sacudí mi cabeza rápidamente tratando de volver a la realidad.

-Perdón, me colgué- dije- se me atrasó el colectivo, por eso- justifiqué forzando una sonrisa.

-Ah, tonto- respondió, diciéndome por ese apodo que tanto me gustaba. Apoyó su cabeza en mi hombro, sin querer copiar lo que la profe de Lengua escribía en el pizarrón.

Ese mismo día llegué a mi casa, saludé a mi mamá y subí a mi cuarto. Tiré mi mochila en algún rincón, para después sacarme la chomba de la escuela, mi torso quedando desnudo. Me acosté boca arriba en mi cama, con la vista fija en el techo blanco, como si observando el tiempo suficiente fuera a darme una respuesta a lo que me ocurría. “Mi chica ideal no puede ser un chico” me repetí una y otra vez. Mis lágrimas amenazaban con salir. Mi cuerpo se estremecía y sentía como si le estuvieran dando martillazos a mi cabeza. ¿Por qué no podía ser normal? Cómo Mateo, Ale y Joaquín. No quería sentir algo por él. Me daba pánico. Y peor, porque yo sabía que no era correspondido.

Transcurrieron muchas más noches similares tratando de entender mis propios sentimientos.

Y así llegó el 25 de noviembre. Último día de clases. Esa tarde estuvo llena de risas, felicidad y nostalgia.

Desde ese día no volví a tener ningún tipo de conversación con Tobías. Decidí alejarme de la persona que me hacía sentir importante, quien me sacaba una sonrisa cuando solo quería romperme.

Pasaron diez años que estuve callado, guardando todo eso como si hubiese sido algo malo o algo extraño. Actualmente ya acepté quien soy y nunca dejo pisotearme por comentarios. Con esto solo quiero decir que la vida es muy corta para estar escondido debajo de una sábana o dentro de un clóset…

Y a las personas que están pasando por algo similar, no están solas.


“Cantata para los días de la vida.”

Ángeles Cáceres de 1° E.

Nito era un hombre de 44 años que había perdido un fragmento de su vida, de su consciencia.

Era su hija Mercedes Soledad que partió demasiado temprano, una salvaje corriente de río se la llevó un verano cálido del ‘63.

Él todavía podía oír el vestigio de su voz cada vez que una ola chocaba contra la orilla severa y furiosamente, y él se quedaba oyendo como un ciego frente al mar.

Después de unos arduos años de procurar vencer esos lacerantes pensamientos fríos como las garras de un oso polar, en el otoño de 1965 decidió conocer nueva gente, tal vez conseguir un poco de plata. Llenó sus valijas de amor y se fue a la gran ciudad, zapatos rotos, con esperanza de encontrar el cuerpo de una mujer y vivir feliz.

Llegó un nuevo comienzo pero no fue capaz de adaptarse muy fácil. Esas motos que van a mil lo despertaban de su disociación casi eterna ante los malestares de la vida, y para Nito eso era una molestia. Fue por aquí, fue por allá buscando algún propósito. Tal vez él tenía demasiada fe, o mucho amor para dar antes de rendirse.

Para comprar su primer apartamento se puso a tocar música apodándose “El rey” y en poco tiempo ganó un par de pesos, lo suficiente para un poco de comida, ya que desde que partió hace un día y medio, no había comido nada y dormía en un edificio antiguo y abandonado. Él sabía que no estaba listo para terminar con todo aún.

Decidió gastar su poco dinero en un par de tragos para ahogar sus lamentos. Se sentó ahí dentro del bar, olor a alcohol y banalidad, y empezó a hablar con un par de hombres de por ahí.

-¿Qué te trae al bar?

-Hic! La necesidad de un buen momento…Hic!

Ellos dialogaron por un largo rato sobre sus dolores e historias hasta que el borracho hizo un mal chiste…le cayó demasiado mal a Nito, uno sobre su hermosa Mercedes.

Le pegó una furiosa cachetada y escaló de más hasta tenerlo que sacar del bar. El borracho salió corriendo, pero él salió con el alma, el tabique y los nudillos rotos.

Tambaleándose con embriaguez y lamento, sintiendo su sangre drenarse, convirtiendo su nariz en una canilla. Achiripadamente se sentó en el lugar donde siempre tocaba estos días. Sus latidos y su respiración fueron disminuyendo, él con miedo de que sea su última vez probando el dulzor de un nuevo día y caer en una severidad eterna. El vino que tomó entibiando su sueño.

Escribió la última frase de canción en un papel. Se había sentado ahí para escribir y dejar al menos un fragmento de él en formato físico antes de “dormir”, con miedo de no levantarse. “Aunque me fuercen yo nunca voy a decir que todo el tiempo por pasado fue mejor.

¡Mañana lo mejor!”

Nito se durmió con el papel y su guitarra a su lado, pues eran lo único que le quedaba.

Él soñó algo casi ilusorio; vio a su hija, viva,  con la edad que hubiera tenido. En sus ojos un cielo transparente igual a su madre.

Ella le dijo con una voz calmante, como las hojas de un árbol en el viento.

“Te siento respirar…lejos de tu lugar. Hoy tuve un sueño con vos.”

Era como si finalmente hubiera vuelto todo a cómo era antes, su hija contándole lo que le pasó en el día, como siempre.

Fue su última vez viéndola, al fin se reunían.

Nito fue un hombre con muchas esperanzas, lástima que no pudo aprovecharla.


FIN

Compartir esta nota